La Guitarrita, pasado y presente

La Guitarrita, pasado y presente

La Guitarrita, pasado y presente

En una de las tantas esquinas que conforman el barrio de Núñez, más precisamente en Cuba y Manuela Pedraza, se erige un lugar lleno de historia. Su fachada a simple vista nos indica que es una pizzería, como muchas de las que hay en la ciudad. Pero quien traspase las puertas de entrada al instante se dará cuenta que no es una más. Aquí se respira fútbol, pasado y presente. Cientos de camisetas, banderines, pelotas, fotos, recortes periodísticos y platos con dedicatorias de deportistas, artistas y famosos decoran por completo su interior.

La pizzería lleva el nombre de La Guitarrita, título poco común para el rubro pero cuya temática no es casual. Quienes lo fundaron, allá por 1963, fueron dos ídolos de Boca Juniors y San Lorenzo de Almagro en las décadas del ‘40 y ’50, ambos campeones con la Selección Argentina: Mario Boyé y René Pontoni.

La nostalgia se pasea airosa mientras uno recorre visualmente las paredes cubiertas de tantas reliquias. Glorias y hazañas de otros tiempos, para el gusto de los memoriosos pero también de los más jóvenes, quienes se llevan algún dato desconocido de su equipo favorito y del deporte en general.

Esta linda aventura llamada La Guitarrita se inició en otra esquina porteña, la de Blanco Encalada y Ciudad de La Paz, en el barrio de Belgrano. Allí y por casi cuatro décadas logró gran prestigio, a punto tal de convertirse en visita obligada de futbolistas, políticos y celebridades. Por supuesto no faltaban muchos otros que además de disfrutar de una rica pizza donaban algo del “cuadrito de sus amores” para agregar en algún rincón del local, costumbre que permanece vigente.

(Fragmento de una nota realizada en 1999 en el antiguo local ubicado en Ciudad de la Paz y Blanco Encalada).

El secreto del éxito no sólo tuvo que ver con el gen futbolero sino también con las manos de un experto, Jorge Grillo, maestro pizzero quien acompañó desde el inicio a los dos cracks y el gran responsable de que las pizzas de La Guitarrita ganaran rápidamente identidad propia.

Grillo fue el “toque de distinción” en el equipo: aportó su experiencia, dedicación, enseñanza y muy especialmente su creatividad para lograr nuevos y deliciosos sabores y combinaciones como la “Tirolesa”, “La Máquina”, “La Bomba”, el “Grillito”, entre otras.

En 2006, luego de unos años de puertas cerradas la emblemática pizzería “resurgió” en Núñez de la mano del nieto de Pontoni. Y en el presente cuenta con nuevas sucursales, platos y servicios. Ya no están ni sus fundadores ni tampoco el gran maestro de la cocina pero sí intactos el recuerdo, el legado y los valores, esos mismos que han sabido transmitir y se respiran en el ambiente: amor por el fútbol, la familia y los amigos.

El reconocimiento diario a La Guitarrita de parte de los clientes -los nuevos y los de siempre- y el reciente de la Legislatura porteña, declarándola “Sitio de Interés cultural de la Ciudad de Buenos Aires”, demuestra que sus páginas de gloria conservan intactas su brillo, mientras otras nuevas se van escribiendo.

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